En mis libros pretendo estimular a mis lectores a través del ritmo, el juego y la humanización de las palabras, para que las aprendan y las utilicen como un bien imprescindible para expresar los sentimientos. Este es mi principal objetivo pero no el único, creo conveniente mejorar el vocabulario* y el conocimiento, para razonar, preguntar, comprender y utilizar la imaginación.

En la experiencia que me da el contacto con alumnos de primera y segunda enseñanza, dentro de la programación del Centro Andaluz de las Letras, he llegado a la conclusión que los libros no pueden encasillarse por edades sino por algo que tiene más que ver con el entorno familiar y sociológico donde se desarrolla el posible lector: si está o no está iniciado en elementos didácticos reflexivos, si ha tenido contactos habituales con la literatura oral, y hasta qué apoyo verbal le ofrece su entorno.

También he procurado llevar ética y comportamientos adecuados enfrentando contrarios, ya sea con nuevos personajes o recurriendo a la literatura heredada, ofreciendo propuestas adaptadas más actualizadas e igualmente beneficiosas. Literatura como fuente de conocimiento y como vehículo de conciencia ecológica, mestiza o de género: formar respetando.

Aprender cuesta y saber divierte. Tendremos pues que reflexionar desde todos los sectores, principalmente desde la propia familia, para que los menores aprendan también a divertirse leyendo y compartan tareas, deportes y juegos, con la lectura. Que amen y cuiden los libros y sobre todo que los usen. Predisponerles a leer es enseñarles a pensar, dudar, discernir; elementos imprescindibles para el propio proceso <persona>.

Rosa Díaz

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* Como nota aclaratoria, decir que suelo incorporar a los textos el glosario correspondiente, para que el lector acceda a un conocimiento inmediato.